15 de Junio: aniversario de la Reforma Universitaria Argentina de 1918

 Reproduzco una nota publicada en 2018 al cumplirse 100 años de la Reforma Universitaria que impuso un nuevo paradigma en torno al derecho a la educación en Latinoamérica. 


 Desde hoy contamos para el país con una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan”.

Manifiesto Liminar (1918)

 


   En los primeros años del siglo XX se produjo un incremento de los estudios universitarios en Argentina. Para 1910 había 6000 estudiantes matriculados en las tres universidades nacionales: 78% en la Universidad de Buenos Aires, 8% en la de Córdoba y 14% en la recién creada de La Plata. A estas se sumarían dos universidades provinciales que en la década siguiente serían nacionalizadas: la del Litoral y la de Tucumán. Este crecimiento no era resultado de que el sistema capitalista requiriera mano de obra capacitada, sino del ascenso de nuevos sectores sociales, muchos de ellos producto de la inmigración. Las clases dominantes verían esto con malos ojos ya que, si hasta el momento la propiedad de la tierra (inaccesible para los sectores en ascenso) era signo de distinción, ahora lo era tener un título universitario (accesible para los nuevos sectores). La obra de Florencia Sánchez, M´hijo el dotor (1903), es un ejemplo de lo que representaba para una familia tener un hijo universitario.

   Los primeros Centros de Estudiantes se crearon en la Universidad de Buenos Aires (UBA): en Medicina (1900), Ingeniería (1903) y Derecho (1905), pero no fueron reconocidos por las autoridades. El 11 de septiembre de 1908 se constituyó la Federación Universitaria de Buenos Aires (FUBA). Ese mismo año se reunió el 1° Congreso de Estudiantes Americanos en Montevideo, que contó con representantes de Argentina, y aprobó una resolución que instaba a que los Consejos Universitarios tuvieran representación estudiantil. Esto sería reclamado oficialmente por la FUBA en 1916 y llegaron a presentarse proyectos en ese sentido en la Cámara de Diputados de la Nación que no fueron aprobados.

   Como señala Emile Durkheim en su Historia de la Educación y las Doctrinas pedagógicas la Universidad, como toda corporación, se caracteriza por llevar en su seno el germen de la inmovilidad. Su propia lógica de existencia y preservación se inclinaba en ese sentido. El Manifiesto del movimiento reformista de Córdoba denunciaba que “las Universidades han llegado a ser el fiel reflejo de estas sociedades decadentes que se empeñan en ofrecer el triste espectáculo de la inmovilidad decadente”.

   Sin embargo en esa época se estaban llevando a cabo procesos de cambio tanto a nivel nacional como internacional que influirían en el ámbito universitario. En Argentina la reforma electoral de 1912 significó una limitación al poder de la oligarquía que había gobernado desde 1880. Las Revoluciones mexicana (1910) y rusa (1917), así como las consecuencias de la Primera Guerra Mundial, llevarían a la consolidación de un nuevo orden mundial.

   La rebelión estalló en la Universidad Nacional de Córdoba, la más antigua del país. En 1621 el Papa Gregorio XV había autorizado a la Compañía de Jesus para que todos sus colegios que se encontraran a más de 200 millas de la Universidad más cercana pudieran otorgar títulos universitarios. En 1607 los jesuitas habían instalado un noviciado en la ciudad de Córdoba que se convirtió en Colegio Máximo en 1610. Tres años después el Obispo de la Diocesis fray Fernando de Trejo y Sanabria donó 40 mil pesos a dicha institución para el dictado de las cátedras de Latín y Teología, que fueron inauguradas al año siguiente con la presencia de 50 estudiantes. Pero recién en 1623 adquirió la denominación de Universidad de Córdoba del Tucumán, lo que para algunos es la fecha oficial de fundación y no 1613 como suele conmemorar. Con la expulsión de los jesuitas de América en 1767 la Universidad pasó a estar administrada por la órden de los franciscanos y por la Corona Española, para pasar a estar administrada completamente por esta última a principios del siglo XIX con el nombre de Real Universidad de San Carlos y Nuestra Señora de Montserrat. Estos cambios muestran el enfoque que tuvo la universidad en esos siglos: la formación de un clero letrado y de la burocracia colonial.

   Tras la Revolución y la Independencia, la universidad pasó a manos de la Provincia de Córdoba en 1820 y de la Nación en 1854. Aunque en la segunda mitad del siglo XIX se crearon facultades de Humanidades, Matemáticas y Ciencias Físicas, y Medicina, la Iglesia Católica seguía influyendo. No estuvo exenta de los conflictos que se dieron en la década de 1880 por liberalizar y secularizar la educación argentina, pero para entonces se seguían rechazando tesis que molestaran a la Iglesia o a docentes de otros credos.

   El dirigente socialista Juan B. Justo denunciaba a comienzos del siglo XX que en su Biblioteca no había libros de Karl Marx, Charles Darwin o Ernst Haeckel, que se juraba sobre la Virgen María, que en la cátedra de Derecho había una cátedra de “Deberes para con los Siervos” o que se sostenía la superioridad del matrimonio civil sobre el religioso. Esto hoy se considera una exageración del político para justificar la posterior lucha estudiantil, ya que la universidad había pasado por la laicización de la educación en la década de 1880. Para Pablo Buchbinder, la reforma no puede explicarse por el carácter conservador o clerical de la universidad, sino por el carácter familiar y cerrado de los círculos universitarios y de las élites dirigentes de la ciudad, que no aceptaban los nuevos actores surgidos de la inmigración y de la Ley Saenz Peña de voto “universal” masculino.

   A fines de 1917 el Centro de Estudiantes de la Facultad de Ingeniería elevó una protesta por las ordenanzas que imponían nuevas condiciones para la asistencia a clases. Pero la chispa se encedió cuando estudiantes de Medicina elevaron protestas al Ministerio de Justicia e Instrucción Pública protestando por el régimen docente de la Facultad y por la supresión del Internado de Clínicas donde se realizaban las prácticas. Al no haber respuestas el recién fundado Comité Pro-Reforma Universitaria de Córdoba llamó a un paro estudiantil para el 31 de marzo de 1918, al que se sumó la Facultad de Derecho. El 2 de abril el Consejo Superior decidió la clausura de la Universidad y dos días después el Comité pidió la intervención federal.

   Todo el país seguía expectante esperando lo que sucedía en Córdoba. El Comité Pro Reforma quedó presidido por: Ernesto Garzón (Ingeniería), Horacio Valdez (Derecho) y Gumersindo Sayago (Medicina). Durante el mes de abril elevaron al Ministerio de Justicia e Instrucción Pública un pliego con dos tipos de reclamos: uno referido a la enseñanza que cuestionaba la ausencia de criterio experimental y la falta de profesorado competente, y otro referido al gobierno universitario que debía estar compuesto por estudiantes y docentes.

   El 11 de abril de 1918 se inauguró la Federación Universitaria Argentina (FUA), fecha que coincide con la primera intervención enviada por el gobierno de Hipólito Yrigoyen (primer presidente elegido por el voto “universal” masculino) en un intento por controlar la situación. El interventor nombrado fue el doctor José Nicolás Matienzo, procurador general de la Nación y que había participado en una reforma de estatutos de la Universidad de Buenos Aires en 1906.

   Luego de comprobar diversas irregularidades, Matienzo propuso democratizar el estatuto universitario. Declaró vacantes los cargos de rector de la Universidad y decanos de las facultades, y dispuso un nuevo sistema para la elección de las autoridades por parte de la totalidad de los docentes, reemplazando la elección por docentes vitalicios. El 22 de abril presentó su proyecto de reforma que fue aprobado por decreto presidencial el 7 de mayo. No obstante los avances que implicó la nueva normativa, los estudiantes no tenían participación en el proceso de elección de las autoridades.

   El 15 de Junio se realizó una Asamblea para la elección de Rector, presentándose 42 de los 45 consejeros. El candidato estudiantil era el liberal Enrique Martínez Paz y el de los sectores tradicionales era Antonio Nores, miembro de la asociación ultra conservadora “Corda Frates”. Hubo dos votaciones y ninguno obtuvo mayoría absoluta. Se hizo una tercera en la que resultó ganador Nores, gracias a la manipulación de los jesuitas.

   La respuesta de los estudiantes no se hizo esperar: irrumpieron en la asamblea, rompieron muebles, descolgaron cuadros de profesores históricos de la Universidad, y expulsaron a la policía y los matones contratados por las autoridades y el clero. La Universidad fue tomada, se declaró una nueva huelga y se marchó por las calles de la ciudad con la adhesión de la Federación Obrera de Córdoba, forjando una primitiva unidad obrero-estudiantil.

   Hay que mencionar que también había sectores estudiantiles que se oponían a la reforma que se nucleaban en el Comité Pro-Defensa de la Universidad y el Centro de Estudiantes Católicos.

   Nores intentó mantenerse en el rectorado con apoyo de los grupos conservadores y la Iglesia Católica. Según la Federación Universitaria, el rector habría respondido ante los pedidos de renuncia: “Estoy dispuesto a jugar mi vida, y si debe quedar un tendal de estudiantes, que quedé, pero yo no renuncio”, algo que el rector siempre negó haber dicho.

   En pos de estos acontecimientos el 15 de Junio quedó constituido entonces como fecha conmemorativa de la Reforma Universitaria que cambió el rumbo de la educación superior en Latinoamérica.

   El 17 de junio la Federación Universitaria de Córdoba presentó el Manifiesto Liminar, cuyo subtítulo eraLa Juventud argentina de Córdoba a los hombres libres de Sud América”. El documento comenzaba diciendo: “Hombres de una República libre, acabamos de romper la última cadena que, en pleno siglo XX, nos ataba a la antigua dominación monárquica y monástica. Hemos resuelto llamar a todas las cosas por el nombre que tienen. Córdoba se redime. Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan. Creemos no equivocarnos, las resonancias del corazón nos lo advierten: estamos pisando sobre una revolución, estamos viviendo una hora americana”. La autoría se atribuye al estudiante de derecho y posterior dirigente socialista Deodoro Roca.

   El Manifiesto Liminar fue enviado a todas las entidades similares de la Argentina. Se recibieron adhesiones de personalidades como Juan B. Justo, Leopoldo Lugones, José Ingenieros, Mario Bravo y Rodolfo Moreno (hijo), entre otros.

   Los días posteriores se sucedieron manifestaciones en Córdoba y otras ciudades del país. La del 23 contó con la presencia de Alfredo Palacios, primer diputado socialista de América, y convocó a 9.000 personas. En esta ocasión se resolvió: a) mantener la huelga; b) convocar a otras federaciones estudiantiles del país para que apoyen la iniciativa de la Federación Universitaria de Córdoba; c) presentar al Congreso Nacional de Estudiantes del 14 de julio el proyecto de Reforma Universitaria que sería presentado en el Parlamento; y d) enviar una delegación a la ciudad de Buenos Aires para que presenten la reforma en los organismos públicos.

   El 30 de junio una marcha con el diputado socialista Mario Bravo a la cabeza, fue reprimida dejando varios heridos. El gobierno pidió la elaboración de un sumario para investigar el caso. Ante los conflictos reinantes en toda la ciudad el Rectorado suspendió las clases por tiempo indeterminado.



   El Primer Congreso Nacional de Estudiantes Universitarios del 14 de julio se llevó a cabo en Córdoba con total normalidad. Durante una semana se celebraron ocho sesiones y se sancionaron 47 proyectos, entre ellos la reforma de la Ley Avellaneda de Universidades Nacionales de 1885 y de los estatutos universitarios. El 31 de julio se envió al Congreso el proyecto de Ley Orgánica de Instrucción Pública.

   El 2 de agosto el gobierno nacional lanzó una segunda intervención quedando suspendido el Rector y los cuerpos directivos. La acción fue encomendada al médico, político, inventor y ferviente anticlerical Telémaco Susini, que fue repudiado por los conservadores por lo que nunca llegó a ocupar el cargo. El 14 de agosto un telegrama enviado por la FUA le exigía al presidente, una pronta intervención a la Universidad. El gobierno no obstante, no estaba dispuesto a nombrar árbitro a alguien que estuviera embanderado con una de las partes.

   En la madrugada del día siguiente los fieles que concurrieron a misa hallaron derribada la estatua de bronce de un profesor de la época y ferviente católico. Un cartel sobre ella proclamaba: “En Córdoba sobran ídolos”. La Iglesia tomo esto como una declaración de guerra y la policía elaboró un sumario cuya fojas apiladas llevaban a un metro de altura. Se realizaron allanamientos buscando la soga usada para derribar la estatua y se detuvieron dirigentes estudiantiles.

    El domingo 18, una movilización de 1500 católicos fue saboteada por 800 estudiantes que silbaron e insultaron. La manifestación convocada para el 26 por el Comité Pro Córdoba Libre, conformada por ex estudiantes universitarios, y la Federación Universitaria en rechazo a los católicos congregó a 15000 personas.

   Al no haberse concretado la intervención para los primeros días de septiembre, los estudiantes tomaron la iniciativa. El 9 de septiembre a las ocho de la mañana, cuándo el portero se disponía a salir, 83 estudiantes lo aprisionaron, le quitaron las llaves y se atrincheraron en la Universidad. Sellaron los documentos importantes, izaron la bandera de la FUA y enviaron un telegrama al presidente informándole que la intervención ya se había llevado a cabo. L. Ruiz Gómez fue nombrado Secretario General, y Barros, Bordabehere y Valdez decanos de las facultades de Medicina, Ingeniería y Derecho, respectivamente.Con respecto a las tareas docentes se tomaron exámenes finales en los que hubo más de un aplazado con cero.

   Por la tarde llegó el Ejército a desalojar la casa de altos estudios. Dispersaron a la gente que sitiaba la manzana y entraron por la fuerza. Pero no encontraron resistencia: en un aula se hallaban los estudiantes escuchando atentamente a Enrique Barros dictar un curso de Filosofía. Inmediatamente fueron detenidos y sacados de la Universidad custodiados por soldados armados. Los ocupantes recibieron el apoyo popular, mientras las tropas fueron insultadas y agredidas. Los detenidos quedaron alojados en el Cuartel del 4º Regimiento de Artillería.

    El mismo día un telegrama del gobierno anunciaba la llegada del interventor. La intervención se hizo efectiva el miércoles 11 de septiembre. Hubo una masiva renuncia de profesores y autoridades de la Universidad. Cuándo los cargos estuvieron ocupados nuevamente, se reanudaron las actividades el 11 de octubre. El 12 de octubre el gobierno nacional firmó un decreto de reformas en donde concedía muchos de los reclamos del movimiento estudiantil.

    La Reforma Universitaria de Córdoba se extendió rápidamente en las universidades de Buenos Aires -que había tenido una reforma democrática de los estatutos en 1906- y La Plata, así como en las recién nacionalizadas universidades de Tucumán y el Litoral. Posteriormente alcanzaría dimensiones continentales ya que sirvió como modelo para las reformas que se dieron tras los levantamientos estudiantiles en Chile, Perú y Cuba en la década de 1920, y en México, Brasil y Paraguay en 1930. En 1919 el diputado socialista Alfredo Palacios dio una serie de conferencias en Perú frente a numerosos estudiantes que apoyaban la reforma argentina.

    En otros ámbitos de la enseñanza el gobierno de Yrigoyen, influido por la Reforma Universitaria, fundó 37 institutos secundarios, 12 escuelas de artes y oficios, y numerosas escuelas primarias en diferentes provincias.

   Los principales postulados de la Reforma Universitaria de Córdoba fueron el co-gobierno con todos los sectores que conforman la comunidad universitaria, la autonomía política, docente y administrativa de la universidad, y la elección democrática de todos los funcionarios universitarios, temas que se habían propuestos en los Congresos Estudiantiles Americanos de Montevideo (1908), Buenos Aires (1910) y Lima (1912). También se defendía la selección de docentes a través de concursos públicos que aseguren la amplia libertad de acceso al magisterio, la periodicidad de las cátedras, la realización de actividades de extensión hacia la comunidad, la libertad de cátedra, la implantación de cátedras libres y la oportunidad de impartir cátedras paralelas, y la supresión del régimen de faltas con libre asistencia a las clases, entre otros.

    Además planteaba que la reforma educativa debía ser solo un paso para lograr la transformación de la sociedad. La Universidad debía dejar de ser una “fábrica de títulos” desvinculada de los problemas sociales de la época. Los reformistas de 1918 no temían “politizar la Universidad”, como se dice en estas épocas. Para Deodoro Roca “el puro universitario es una monstruosidad”. No hay cuestión humana que no esté atravesada por la política, por ello hacían suya la máxima de Terencio, “nada de lo que es humano me es ajeno”.

    La lucha antiimperialista y la unidad de los pueblos latinoamericanos era otro reclamo del movimiento reformista que está presente desde el título en el Manifiesto Liminar. La reforma formaría a futuros políticos de los partidos radical, socialista y comunista que en las décadas de 1920 y 1930 llevarían adelante numerosos proyectos de carácter popular.

   En 1921 se realizó en México el Congreso Internacional de Estudiantes Universitarios en donde se rindió homenaje a la Reforma Universitaria Argentina. Como dice en el Manifiesto, el movimiento estudiantil de Córdoba nos enseñó que es posible cambiar vergüenza por libertad y luchar por las libertades que faltan.



Bibliografía:

  • Abad de Santillán, Diego; (1963) Gran Enciclopedia Argentina, tomo VIII, Buenos Aires, EDIAR.

  • Abad de Santillán, Diego; (1971) Historia Argentina, tomo IV, Buenos Aires, TEA Ediciones.

  • Buchbinder, Pablo; (2005) Historia de las Universidades Argentinas, Buenos Aires, Sudamericana.

  • Caras y Caretas, N° 1019, 13 de abril de 1918.

  • Chiroleu, Adriana; (2000) “La Reforma Universitaria”, en: Falcón, Ricardo (dir.); Democracia, conflicto social y renovación de ideas, Buenos Aires, Sudamericana (Nueva Historia Argentina, tomo VI).

  • Galfione, María Verónica; (2002) “Deodoro Roca y la Reforma Universitaria”, http://www.reformadel18.unc.edu.ar/privates/deodoro.pdf.

  • Manifiesto Liminar de la Reforma Universitaria de 1918; (2003) Editorial de la Universidad Nacional de La Pampa.

  • Oñativia, Fabio; (2017) “La Reforma Universitaria de 1918 en Argentina”, La Izquierda Diario, https://www.laizquierdadiario.com/La-Reforma-Universitaria-de-1918-en-Argentina, 15 de junio.

  • Sanguinetti, Ricardo; (2004) “Reforma Universitaria”, en: Di Tella, Torcuato et. al.; Diccionario de Ciencias Sociales y Políticas, Buenos Aires, Ariel.

  • UNC; “La gesta estudiantil por la democratización de la enseñanza”, https://www.unc.edu.ar/sobre-la-unc/la-gesta-estudiantil-por-la-democratización-de-la-enseñanza.

  • Valencia, Luciano Andrés; (2003) “Los que cambiaron vergüenza por libertad”, Caldenia, suplemento cultural del diario La Arena, Santa Rosa, 30 de noviembre. 

 

Una primera versión de este artículo fue publicado al cumplirse 85 años de la Reforma Universitaria en Caldenia, suplemento cultural del diario La Arena, Santa Rosa, 30 de noviembre de 2003. La presente es una ampliación y corregida de la primera y fue publicada en Rebelión, www.rebelion.org, el 15 de junio de 2018 al cumplirse 100 años de la Reforma. Posteriormente reproducida en otros medios.


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