Homo quid legit (para el Día Mundial de la Lectura)

 

   El 7 de marzo se conmemora el Día Mundial de la Lectura, una de las creaciones más importantes de la humanidad y cuyo aprendizaje constituye un hito transformador en la vida de una persona. La palabra "leer" proviene del latín legere, que se relaciona con el verbo elegir, pero también con recolectar, seleccionar y cosechar. La lectura nos amplía la posibilidad de elegir los conocimientos que queremos adquirir, de seleccionar y recolectar diferentes fuentes de información, y cosechar la creatividad, la autonomía y el lazo social.

   Por eso la lectura es un acto de liberación, como sostiene Paulo Freire (La importancia de leer y el proceso de liberación, 1984). Durante la mayor parte de la historia fue un privilegio de las élites letradas que registraban los hechos y el conocimientos, y solo difundían a las grandes mayorías analfabetas lo que era compatible con sus intereses. La alfabetización masiva no comenzó hasta los siglos XIX y XX, constituyendo uno de los procesos de liberación más importantes de la historia de la humanidad.

   A diferencia del habla, la lectura no se aprende de manera natural por imitación o por interacción entre niños/as y libros. Para que el cerebro se vuelva lector es necesario un proceso de neuroplasticidad y de "reciclaje neuronal" -como lo llamó Stanislav Dehaene, autor de Aprender a leer-, en el que neuronas y estructuras cerebrales desarrolladas por la selección natural para otras funciones se adaptan a las habilidades necesarias para el contexto cultural en que vivimos.

   En el aprendizaje de la lectura están implicadas numerosas áreas del cerebro: 1) el Área de Wernicke y el Giro Angular, en la región temporo-parietal, responsable de conectar las letras con sus sonidos (fonemas) y segmentar las palabras para su análisis; 2) el Área de Broca, en el Lóbulo Frontal, que controla la articulación del habla, la comprensión sintáctica y la semántica; 3) las áreas de procesamiento visual del Lóbulo Occipital, responsables del reconocimiento de caras y objetos, que en el proceso de lectura ayudan a identificar la forma visual de letras y palabras; 4) la región temporo-parietal ayuda a la conversión de grafemas (letras) en fonemas, dando correspondencia entre lo que se ve y lo que se oye; 5) la amígdala y la región ventromedial de la corteza prefrontal responsables de la regulación emocional, que tienen gran importancia ya que aprendemos mejor lo que nos emociona; y 6) el cuerpo calloso, que conecta los hemisferios cerebrales.

   Como podemos ver, no existe un área del cerebro responsable de la lectura, sino que todas las áreas de la corteza cerebral, así como emocionales y de conexión, están implicadas. Para aprender a leer se requiere de la acción de la neuroplasticidad, pero al mismo tiempo la lectura favorece esta plasticidad debido a que la adquisición de nuevos conocimientos, el intercambio con otros y la sensación de bienestar que da la lectura cambian el cerebro de manera favorable. Las neurociencias nos demuestran hoy que leer es un factor protector de la salud cerebral y emocional, que favorece la reserva cognitiva y previene o retrasa la aparición de enfermedades neurodegenerativas.

   Pero más allá de estos beneficios a la salud, para quienes hicimos de esta práctica un hábito en nuestras vidas, la lectura es simplemente un acto de placer. Es poder parar el tiempo de la producción para adentrarnos a otros mundos. Es llevar siempre un libro para que la espera sea más agradable. Es explorar las bibliotecas cuando entramos a la casa de alguien. Quienes además de ser ávidos lectores también somos escritores, es un acto de creación y libertad que trasciende los límites que nos impone la realidad. Es sentir en el cuerpo que estamos en el Valhalla, en Marte o en la Era de los Faraones cuando leemos o escribimos al respecto.

    El escritor argentino Alejandro Dolina dijo en una oportunidad -en su programa de radio La Venganza será terrible- que quizá un día se inventen píldoras que al tomarlas podamos adquirir el contenido de un libro completo. Si eso sucede -aclaró-, él no iba a consumirlas. Lo importante no es el resultado final, sino el proceso de lectura. El placer que da el pasar las páginas, el ir haciendo propio eso que se va leyendo. Una píldora -o el artefacto que pueda inventarse en el futuro- nos priva de esa experiencia. Yo tampoco la quiero.

   En marzo tenemos otras dos conmemoraciones: el 20 es el Día Internacional de los Cuentacuentos y el 21 el Día de la Poesía. Desde su origen, la humanidad ha trasmitido cuentos y poesías de manera oral. Con la invención de la escritura, así como más tarde de la imprenta y la edición digital, estas creaciones pudieron conservarse por más tiempo, difundirse, crecer e inspirar a otras. El mes de marzo nos da con estas efemérides la posibilidad de conectarnos con la lectura, la escritura y la narración oral, y recordarnos que a veces debemos parar el tiempo para disfrutar y crear lazos con otros a través de historias compartidas.


Artículo publicado en revista cultural Cocoliche, Santa Rosa, N° 188, marzo 2026. Las imágenes que ilustran este ensayo fueron realizados por Llama 4.0. 

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