El Conocimiento ocupa lugar
Una frase popular reza que “el conocimiento no ocupa lugar”. Una vez pregunté a alguien que, con aires de sabiduría, me quería convencer de esta idea: “¿Y donde guardo todos los libros?”. Ante esto, mi interlocutor argumentó que el conocimiento no está en los libros sino en las experiencias de la vida, lo que solo demostró su desconocimiento sobre el tema. Para responder a este argumento empirista radical, que ignora la biología, la física y la historia de la humanidad, vamos a hacer un pequeño recorrido por la evolución.
Los primeros seres vivos de la Tierra eran organismos unicelulares. Todo lo necesario para que esta única célula pudiera sobrevivir y perpetuarse se encontraba codificado en los genes, la unidad mínima de información de un ser vivo. El gen es un ente material que ocupa espacio y puede contener desde decenas a miles de bits de datos.
Esto no cambió con los primeros organismos pluricelulares, pero ha medida que la vida se complejizaba y los ambientes se volvían cambiantes, la información portada por los genes ya no era suficiente. Así hizo su aparición el Sistema Nervioso.
Los genes contienen información básica para que el organismo lleve adelante sus procesos biológicos internos, nutrirse, desplazarse, crecer y reproducirse, pero carecen de flexibilidad adaptativa, porque sus cambios se dan a lo largo de miles de generaciones. La originalidad del sistema nervioso radica en que aprende de la experiencia y adapta las respuestas a los estímulos ambientales. Esta es una gran ventaja si el ambiente cambia rápido. El trabajo conjunto de genes y neuronas facilita la supervivencia del individuo y la proliferación de la especie.
Ya podemos comenzar a rebatir el argumento con el que empezamos. Genes y neuronas, las primeras unidades biológicas capaces de acumular información, ocupan lugar y la evolución fue favoreciendo cada vez más espacio para nuevos conocimientos. Pero avancemos un poco más.
El Sistema Nervioso fue evolucionando a lo largo de los eones. Desde los primeros difusos que hoy podemos encontrar en cnidarios como las medusas, a los segmentados en ganglios de artrópodos y lombrices, o los primeros cerebros propiamente dichos que centralizaron la integración y control del organismo, hasta llegar al Cerebro Humano, la estructura más compleja del universo conocida hasta ahora.
Pero en el ser humano esto no bastó. Cuanto más aprendíamos y acumulábamos conocimientos, el cerebro comenzó a ser insuficiente, como antes lo fueron los genes. La evolución cultural avanzaba más rápido que la biológica. Así nació la especialización: ya no era necesario que cada uno tuviera todos los conocimientos sino que había personas en la comunidad que sabían de diferentes temas prácticos y abstractos necesarios no solo para perpetuar la especie, sino también para la conservación de la cultura. El carácter social del ser humano y la capacidad para colaborar favorecieron este intercambio.
Más tarde surgió la escritura. Ahora era posible registrar en trozos de arcilla, en pieles o en columnas los conocimientos acumulados. El libro fue un invento tecnológico tan importante como la agricultura y la urbanización, porque permitió continuar -y cuestionar- el saber acumulado por las generaciones anteriores sin tener que hacer todo el proceso desde el inicio, lo que favoreció el progreso de la humanidad.
Las grandes bibliotecas del mundo registran las experiencias de miles de generaciones humanas. Tantas experiencias que no podríamos vivirlas en una sola vida, pero a las que podemos acceder por medio de la lectura. Experiencias que ocupan lugar en los estantes de las bibliotecas.
Cuando los libros tampoco alcanzaron para registrar el conocimiento surgieron los medios digitales de almacenamiento. Una computadora ocupa poco lugar en el hogar, pero puede almacenar tantos libros virtuales como los que se encuentran en una biblioteca. Los grandes servidores que ocupan edificios enteros registran el conocimiento humano, incluso el irrelevante y redundante. No todo conocimiento tiene el mismo valor, pero todo se registra en la web.
Con el tiempo las computadoras y los servidores también serán insuficientes y tendremos que crear otra tecnología que hoy ni siquiera podemos imaginar, como un ser humano del Paleolítico no podría haber imaginado el mundo en el que vivimos actualmente.
Lo cierto es que la evolución biológica y cultural favoreció cada vez más espacio para acumular conocimientos. Genes, neuronas, cerebros, libros, computadoras, servidores... todas son entidades materiales que ocupan lugar en el espacio. Recordemos esto cuando alguien nos quiera convencer que el conocimiento no ocupa lugar. Mientras pensamos nuevas formas de hacer más lugar (y sobre todo tiempo) para el conocimiento.
Publicado en revista cultural Cocoliche, Santa Rosa, N° 190, mayo de 2026: https://online.fliphtml5.com/zywzr/Mayo-190/#p=1.

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