La Antesala del Genocidio Armenio (3): La Doble Masacre de Adana



   A principios del siglo XX comenzaron protestas que reclamaban derechos y garantías constitucionales. Por su parte las minorías étnicas y nacionales exigían ser tratadas con igualdad de derechos y que se pusieron fin a las constantes violaciones a la propiedad y seguridad de sus comunidades. Paralelo a esto comenzaron a crecer los grupos políticos de resistencia al gobierno de Abdul Hamid II. En 1905 la comunidad Donmeh (judíos sefardíes convertidos al islam) conformaron un grupo secreto que aspiraba a desembarcar sobre Constantinopla para derrocar al gobierno y poner fin al dominio que los armenios tenían sobre el comercio (Abadjian, coord., 2004: 40).

    Otro motivo de malestar eran las constantes pérdidas territoriales y la situación de inferioridad en la que se hallaba en la competencia colonial con las potencias imperialistas. Frente a esto la doctrina del Otomanismo, que proponía una “nueva nacionalidad” fundada en la fusión entre los pueblos cristianos (eslavos, griegos, asirios, armenios) y musulmanes (turcos, kurdos, árabes, kazajos, tártaros, chechenos, circasianos) que componían el Imperio, fue desplazada por el Panturquismo o Panturanismo, que proponía la unión de todos los turcos desde el Bósforo hasta China eliminando a pueblos como el armenio que representaban un obstáculo a este objetivo. Pero el régimen corrupto y débil de Abdul Hamid II era incapaz de ejecutar este programa (Mutafian, 2008: 6).

   El 24 de abril de 1908 un grupo de oficiales y estudiantes nucleados en el movimiento de los “Jóvenes Turcos” o Ittihad ve Terakkí llevaron adelante una revolución incruenta que derrocó al sultán y restauró la Constitución y el Parlamento disueltos en 1878. Para no perder la figura sultánica, ubicaron como gobernante simbólico a Murat V, hermano del derrocado monarca.

    Los partidos políticos armenios adhirieron en un primer momento a la ideología liberal y emancipadora que proponían los Jóvenes Turcos, llegando incluso a ubicar a varios armenios en cargos de gobierno. En las manifestaciones en apoyo a la revolución podían verse banderas en donde se leía en armenio “Libertad, Igualdad, Justicia”.

    Se dictó una Ley Electoral que modificaba las disposiciones territoriales eligiéndose en dos vueltas uno o más diputados en función del número de habitantes mayores de 25 años. Pero también establecía el derecho a veto sobre las leyes que “contradecían los sagrados principios del islamismo”. La desigualdad entre turcos y no turcos era notoria. De 280 diputados en el Parlamento, solo había 6 griegos, 8 armenios, 2 judíos, 2 serbios y 1 búlgaro. El 80% de los diputados turcos eran analfabetos (Abramian, 2013: 49).

   Esto demuestra que el objetivo de los Jóvenes Turcos no apuntaba a la cohesión de todos los pueblos y nacionalidades y su desarrollo, sino más bien la turquificación1, que imponía una nueva identidad nacional turca a todos los que vivieran dentro de las fronteras del Imperio Otomano. Esto no solo alcanzó a pueblos cristianos como los armenios o los griegos, sino también a súbditos musulmanes como los árabes de Palestina, prohibiendo toda asociación que promoviera la autonomía e independencia árabe (Pappe, 2007: 92). Esto demuestra que la masacre de armenios nunca estuvo motivada por cuestiones religiosas, sino por cuestiones geopolíticas de un Imperio que buscaba la homogeneización como parte de sus planes expansionistas2.

    A un año de hacerse con el poder, los Jóvenes Turcos impulsaron en el Parlamento una serie de medidas liberalizadoras que no trajeron mejoras a las minorías, llevando a levantamientos en los Balcanes (Macedonia, Albania) y en el sur de la Península Arábiga (Yemen). Los armenios se mantuvieron al margen de las rebeliones ya que confiaban en obtener mejoras dentro de los órganos de gobierno del Imperio. Muchos de estos levantamientos resultaron exitosos, lo que redundó en nuevas pérdidas territoriales para el Imperio.

    Como consecuencia del descontento que produjo esta situación el 31 de marzo de 1909 un grupo de fundamentalistas islámicos y seguidores de Abdul Hamid iniciaron un movimiento contrarrevolucionario que tomó brevemente Constantinopla, la capital del Imperio, y que fue derrotado el 13 de abril por el III Ejército Otomano movilizado desde Salónica. Vahakn Dadrian sostiene que la contrarrevolución fue desencadenada por la falta de interés de las autoridades en detener a los asesinos de un editor periodístico opositor a los Jóvenes Turcos. A partir de entonces comenzaron a sucederse crímenes similares y el gobierno revolucionario adoptó medidas cada vez más represivas (Dadrian, 2008: 175- 177).

   A diferencia de la contrarrevolución que sacudió la capital del Imperio, en la provincia de Cilicia3 los armenios comenzaron a manifestarse en apoyo de los principios de libertad constitucional pregonados por los Jóvenes Turcos4. Por este motivo eran vistos con desconfianza por muchos turcos que aún se mantenían leales a Abdul Hamid o por funcionarios del nuevo gobierno que veían peligrar sus carreras ante el ascenso de los antiguos rayas o súbditos infieles. Hay que recordar que la ciudad de Adaná –la más importante de la provincia- había escapado de las masacres hamidianas y la población armenia gozaba de una relativa prosperidad.

    Esta nueva etapa del genocidio tuvo dos momentos, por lo que fue llamada “la Doble Masacre de Adaná”, y fue organizada en secreto con la cooperación de funcionarios del gobierno y autoridades militares que hicieron un amplio uso del armamento estatal. También participaron de la misma bandas kurdas, circasianas, afganas, turcomanas y chechenas, y se liberaron presos comunes a los que se les proveyó de fusiles mauser alemanes del Ejército.

   El primer momento ocurrió entre el 1° y el 14 de abril. Ante la renuncia del comandante de gendarmería turco Kadri Bey se designó como jefe de las fuerzas agresoras a Zor Alí, ex comisionado de policía de Adaná que había sido separado de su cargo por los abusos cometidos durante su gestión a cargo de la fuerza. Éste lanzó un ataque contra barrios y comercios armenios que resultaron en fracaso porque, anticipándose a los hechos, muchos jóvenes habían acumulado armamento y montado autodefensas que no solo lograron repeler a los agresores durante varios días sino también infligirles grandes pérdidas. No obstante, las autodefensas cometieron el error de entregar las armas luego de un armisticio mediado por el cónsul británico de la vecina ciudad de Mersín, el mayor Doughtly Wylie, sin contar con que el Ejército Otomano se estaba movilizando para restaurar “la paz y el orden”.

   Habiendo sido desarmadas, las autodefensas no pudieron resistir al segundo momento de la masacre que se llevó a cabo entre el 15 y el 30 de abril. El justificativo fue la supuesta muerte de un turco a manos de armenios que no fueron detenidos, lo que generó ataques a los barrios armenios y cristianos, en los que también murieron al menos tres griegos y varios misioneros europeos y estadounidenses. Días después medios extranjeros publicaron que en realidad el crimen que provocó las masacres fue el resultado de una pelea entre dos turcos por una mujer5, pero la masacre ya se había desencadenado y durante el primer día habrían muerto entre 70 y 400 personas de la comunidad armenia.

   Las tropas turcas recién llegadas a las ciudades de Adaná y Mersín, enfurecidas por las bajas sufridas durante la resistencia armenia, descargaron su ira contra una población indefensa y mayormente desarmada –solo quedaban pocos hombres que habían conservado sus armas-. Los testimonios, principalmente de misioneros o diplomáticos extranjeros, cuentan que se mataba a cuchillazos a hombres, mujeres, niños y niñas, que se quemaban vivas a las personas dentro de sus casas o se mutilaban los miembros antes de darles el tiro de gracia. Cuerpos de bomberos participaron utilizando las bombas para arrojar parafina sobre las casas que se incendiaban y un millonario llegó a donar 600 latas de combustible para facilitar la tarea. También había bandas armadas que saqueaban y torturaban. Otros testimonios dan cuenta del caso de una mujer a la que un militar turco perdonó la vida por parecerse a su esposa y que luego fue capturada por un grupo de hombres que le cortaron los senos, o el de una anciana que fue torturada grabándoles cruces con un cuchillo en todo el cuerpo antes de asesinarla.



   Masacres similares se realizaron en otras ciudades. El 22 de abril un misionero estadounidense expresaba que en la ciudad de Hadjin “armenios bien armados se mantenían en la ciudad asediada por miembros de la tribu musulmana”. También se informaba que la totalidad de los armenios de Kirikhan habían sido asesinados. Lo mismo sucedió en los poblados de Deurtyul, Marash, Kayerle, Karatach -asesinados por orden al alcalde- y Birejik -en esta tras un motín-. En Tarso los clérigos musulmanes movilizaron a fieles para que lucharan contra los “insurgentes armenios” quemando más de 700 casas y asesinado a 560 personas en las granjas vecinas. En la aldea de Abdoghlou, ante el peligro de un ataque, el alcalde se movilizó a Adaná para pedir protección al gobernador siendo asesinado al entrar a la ciudad, desencadenándose luego la masacre. En Kara Issalou las masacres se desataron luego de que un griego venciera a un turco en el tradicional torneo de lucha que se realizaba en la localidad6. En Alexandrette la matanza se daba ante la vista indiferente del crucero británico Diana.

   Se calcula que el número total de víctimas de las masacres de 1909 fue de 25 a 30 mil personas, la mayoría de las cuales fueron asesinadas en el segundo momento. A esto se le debe sumar las personas que murieron por lesiones en los meses siguientes, los 2000 niños que murieron por la epidemia de disentería que se desató el verano de ese año, y las niñas y niños armenios apropiados para ser criados en la cultura turca, lo que constituye un terrible antecedente de la apropiación de hijos/as de desaparecidos/as por el Franquismo y las dictaduras latinoamericanas. Una comisión oficial fijó las pérdidas económicas en 5,6 millones de liras turcas, lo que repercutió en condiciones de pobreza para los sobrevivientes armenios.

    El gobierno de los Jóvenes Turcos se desentendió rápidamente de las masacres culpando a elementos pertenecientes a las fuerzas contrarrevolucionarias de Abdul Hamid. Inmediatamente dio inicio a una investigación que tuvo como primera reacción que campesinos turcos incendiaran la ciudad de Adana para cubrir las brutalidades ocurridas. También funcionarios locales ordenaron enterrar a los muertos turcos, mientras que a los armenios se los arrojó al río para hacerlos desaparecer.

   En 13 de julio de 1909 se emitió una circular ministerial en donde se hacía saber que los armenios de Adana no habían incurrido en ninguna censura y eran ciudadanos “devotos y leales”. En una intervención en el Parlamento el Gran Visir Hilmí Pashá denunció a los “reaccionarios y canallas, criminales que habían masacrado y pillado a los armenios atacándolos por sorpresa” (Dadrian, 2008: 176). Esto muestra el interés del gobierno de los Jóvenes Turcos de desligar sus responsabilidades de las masacres, aunque las mismas no se podrían haber producido sin la participación de funcionarios civiles y militares del Imperio.

   Un hecho ocurrido en la provincia de Cesárea, vecina a Cilicia, parece aportar argumentos para responsabilidad al gobierno central por las masacres. Según recopilan algunas fuentes, el gobernador de la provincia había recibido un telegrama de Constantinopla ordenándole tomar medidas contra los armenios. Dándose cuenta de las consecuencias de cumplir con esa orden, el gobernador destruyó el telegrama y llamó al comandante de la guarnición para preguntar si había recibido una orden similar. Este respondió afirmativamente pero se negó a entregar el telegrama. Entonces el gobernador sacó un revólver y apuntándole al pecho le ordenó: “entregue el mensaje recibido o le mato en el acto”. El comandante entregó la orden y el gobernador la destruyó. Con este acto -cuya veracidad es discutible- se habrían evitado una masacre similar a las que se dieron en Adana y otras localidades de la provincia de Cilicia7.

   Entre mayo de 1909 y diciembre de 1910 se llevaron a cabo numerosos juicios a cargo de Tribunales Locales y Cortes Marciales que culminaron con muerte en la horca de 124 turcos y también –para calmar a los fanáticos musulmanes- de 7 armenios (Dadrian, 2008: 177).

   Un punto que hay que mencionar es el papel que jugaron las potencias extranjeras. Si bien el cónsul británico de Mersín –acaso por sentirse culpable del armisticio que culminó en la masacre de población desarmada- murió durante el segundo momento tratando de salvar a los armenios que eran atacados, este fue un acto excepcional que no representa el papel jugado por los funcionarios de los países centrales. En el Puerto de Mersín había naves de guerra británicas, francesas, italianas, austro-húngaras, rusas, alemanas y estadounidenses provistas de marinos y equipos de combate. Pero ninguna de ellas intervino debido a: 1) que no había acuerdo para actuar en conjunto; 2) que cada potencia se concentró en proteger a sus súbditos y personal consular; 3) las mutuas sospechas de designios imperiales-coloniales del Imperio Otomano que paralizaron la voluntad de emprender una iniciativa unilateral por cualquiera de las potencias; y 4) por lo repentino de la situación que paralizó a los gobernantes extranjeros a la hora de emprender la acción. Esto llevó a que las potencias fueran espectadoras -y por consiguiente cómplices- del genocidio que se estaba llevando a cabo (Dadrian, 2008: 177- 178).


Notas

1 El pantuquismo o panturanismo se inspiraba en las idea del intelectual turco Ziya Gökalp, que pueden sintetizarse en los siguientes puntos: a) la nación turca debía conformarse únicamente por musulmanes turco parlantes; b) el territorio de la nación turca debía superar Turquía y ocupar el mítico «Turán» (desde Constantinopla a Mongolia) a costa de poblaciones como la armenia, a la que acusaba de ser responsable de sus fracasos militares y pérdidas territoriales; c) la nación no se constituye por lo racial o étnico, o por tener ancestros en común, sino por la educación y la cultura (lengua, religión, etc.); y d) la revolución de 1908 creó en la sociedad turca la conciencia de pertenecer a la nación turca, y las minorías que no la integraran o reivindicaran su identidad debían ser excluidas (Boulgourdjian, 2007; Sivinian, 2005).

2 A fines del siglo XIX el Gran Visir Kiamil Pashá había expresado que “Si en la parte europea de nuestro imperio alimentamos a las víboras –en referencia a los movimientos separatistas-, no debemos incurrir en la misma equivocación en nuestra Turquía asiática (...) Y si la raza armenia desaparece, cuando Europa cristiana busque un correligionario en Asia turca y no lo encuentre, podremos vivir tranquilos y dedicarnos a nuestros asuntos como corresponde” (citado por Kuyimciyan, 2009: 78).

3 Recordemos que Cilicia había sido sede del último reino armenio independiente en el siglo XII (Boulgourdjian, 1997: 32).

4 Incluso la Federación Revolucionaria Armenia (Tashnak), acaso el partido más disciplinado y organizado de la comunidad, apoyó a los Jóvenes Turcos en sus campañas electorales y fue aliado en la represión a la contrarevolución de abril de 1909 (Dadrian, 2004: 24).

5 Citado por el diario argentino La Nación, 20-04-1909, en Boulgourdjian (2005: 205).

6 Los testimonios se pueden consultar en el sitio web en francés: http://www.imprescriptible.fr/rhac/tome3/p1ch4.

7 La historia aparece publicada como un cable desde Constantinopla en la publicación argentina El Diario, Buenos Aires, 17-05- 1909, citado en Boulgourdjian (2005: 254- 255).


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