La cuenta de los días: algunas curiosidades sobre el Calendario


    Llegamos a la época del año en donde arbitrariamente se ha fijado el comienzo de una nueva vuelta alrededor del sol y en la mayoría de los países del mundo se celebra el 2026. No así para las culturas chinas, armenias, etíopes, mayas, judías o islámicas que tienen sus propios calendarios, a las que pido disculpas, ya que me centraré solo en el que utilizo para organizar mi vida por nacer en esta sociedad.

   A lo largo de la historia existieron diferentes calendarios solares, lunares y mixtos. Las civilizaciones egipcias y babilónicas, gracias a sus conocimientos de astronomía y los ciclos naturales, crearon los primeros Calendarios Solares de 365 días.

   En Roma se le atribuye a su mítico fundador Rómulo (siglo VIII AC) la creación del primer Calendario Lunar de 304 días repartidos en diez meses: Martius, Aprilis, Maius, Iunius, Quinctilis, Sextilis, Septembris, Octobris, Novembris y Decembris. El Fuego Sagrado de Vesta se encendía el 1° de Martius, marcando el comienzo del año. Este Calendario generaba desfasajes de los ciclos naturales por no estar ajustado a los tiempos de traslación de la Tierra alrededor del Sol. Así los agricultores no tendrían una fecha específica para sembrar o cosechar, porque el comienzo/finalización de una estación en el calendario no coincidiría con el ciclo natural, redundando en pérdidas de alimentos.

   Alrededor del 700 AC el rey romano Numa Pompilio añadió dos meses adicionales: januarius (enero) o mes de los trabajos agrícolas y februarius (febrero) o mes de las purificaciones. El año pasaba a tener 355 días, repartidos en meses de 28 (februarius), 29 (aprilis, iunius, sextilis, septembris, novembris, decembris, januarius) y 31 (martius, maius, quinctilis, octobris). Estos días días faltantes hacían que igualmente quedara desfasado luego de unos años.

   El conquistador de Egipto y las Galias Julius Cesar se propondría solucionar esto      y en el año 45 AC encargó al astrónomo alejandrino Sosígenes la reforma del calendario basándose en los conocimientos egipcios, estableciendo un año de 365,25 días, por lo que habría que añadir un año bisiesto (el 29 de februarius) cada cuatro años. Para compensar los días faltantes que se acumularon del Calendario Numiano no quedaba otro remedio que extender el año a 445 días para esperar al solsticio de invierno y empezar a contar. El año 45 AC fue caótico para los ciudadanos romanos, que se quejaron de que estos días extra supusieron problemas en el cobro de impuestos. Tras la Fiesta del Natalis Solis Invicti, que celebraba el nacimiento de Apolo y duraba del 25 de decembris al 1° de januarius, comenzó un nuevo año. El ciclo ya no se reiniciaría el 1° de martius sino el 1° de januarius.

   En el año 44 AC el Senado romano decidió dedicarle a Julius Cesar el mes de su nacimiento (quinctilis), nombrándolo como Julio en su honor. Su sobrino y sucesor, el primer emperador romano Octavius Augustus Cesar, también optó por nombrar el mes siguiente Augusto en su honor. Emperadores como Calígula y Nerón intentaron hacer lo mismo, pero no contaron con apoyo popular y del Senado.

   El Calendario Solar Juliano aún presentaba un inconveniente: el año solar es en realidad de 365,2422 días, una diferencia mínima respecto a los 365,25 pero que a lo largo de los siglos se irían acumulando. El Equinoccio de Primavera en el Hemisferio Norte cayó el 11 y no el 21 de marzo en 1582, adelantando la estación. Ese mismo año, el Papa Gregorio XIII le encargó una reforma a dos figuras destacadas: el italiano Luis Lilio (médico, filósofo, físico, matemático, cronologista y profesor de la Universidad de Perugia) y el alemán Chistophorus Clavius (matemático, astrónomo y jesuita). Se mantuvo la estructura del Calendario Juliano, pero añadiendo una corrección de los años bisiestos: los años divisibles por cuatro seguirían siendo bisiestos, pero los años seculares (cada 100 años) sólo lo serían si eran divisibles por 400. Para el Calendario Juliano los años 1600, 1700, 1800, 1900 y 2000 serían bisiestos, pero para el nuevo Calendario Gregoriano los años 1600 y 2000 no lo fueron, saltándose en ambos casos 8 años entre un año bisiesto y otro (de 1596 al 1604, y de 1996 a 2004).

   Para ajustar el Ciclo de las Estaciones el Papa Gregorio XIII decidió suprimir los 10 días de desfase: en Europa y sus colonias los habitantes se fueron a dormir el jueves 4 de octubre y se despertaron al día siguiente siendo el viernes 15 de octubre. Ese año tuvo solo 355 días, lo que recuerda al Calendario Numiano. Se dice que hubo revueltas en algunos lugares reclamando esos días faltantes.


   
Los países en donde dominaban las Iglesias Protestantes y Ortodoxas -así como otras religiones- se negaron en un primer momento a aceptar un calendario impuesto por el Papa de la Iglesia Católica, lo que generó historias curiosas.

   El científico inglés Sir Isaac Newton nació el Día de Navidad de 1642 del Calendario Juliano que todavía regía en su país, en donde la Iglesia Anglicana es la oficial, pero era el 4 de enero de 1643 en Europa continental. Las islas británicas y sus colonias no adoptaron este último hasta 1752, cuando debieron suprimir 11 días para no estar retrasados respecto al resto del mundo. Las calles se llenaron de manifestantes pidiendo la devolución de los días perdidos por culpa de los católicos. Se dice que el escritor inglés William Shakespeare y el español Miguel de Cervantes murieron el mismo día (22 de abril: Día del Idioma), pero de sus respectivos calendarios.

   Las Revoluciones Rusas de Febrero y Octubre de 1917 comenzaron en realidad los días 8 de marzo y 7 de noviembre respectivamente, ya que la Teocracia Zarista mantenía el Calendario Juliano de la Iglesia Ortodoxa Rusa. El año siguiente los revolucionarios adoptaron el Gregoriano debiendo suprimir 12 días. La Iglesia Ortodoxa Griega recién lo aprobaría en 1923, debiendo suprimir 13 días.

   En la actualidad el Gregoriano es utilizado como Calendario Civil Internacional, pero aún se desajusta 26 segundos al año, por lo que cada 3323 años se deberá añadir un día más para evitar errores a futuro.


Publicado en revista cultural Cocoliche Nº 168, enero 2026. 


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